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Tienen toda la razón los cucuteños al expresar su inconformismo por la dramática situación que vive la ciudad en estos momentos. Es inconcebible que una capital de un millón de habitantes se encuentre aislada del resto del país como consecuencia del colapso de las distintas vías de comunicación con la Costa Atlántica y con el interior. Y como si fuera poco, la naturaleza nos pasa una dura cuenta de cobro por el pésimo manejo ambiental del Rio Pamplonita y las aguas que llegan a la planta del Pórtico acumulan tal cantidad de residuos y basuras que en estos días son prácticamente imposibles de tratar. Estos dos serios problemas de suministro de agua e incomunicación vial por supuesto ocasionan casi que una parálisis de la ciudad, un aumento del costo de vida, suspensión del calendario escolar y universitario. En fin, una catástrofe ciudadana.
Y hay que decirlo con claridad. Todos quienes conformamos la denominada clase dirigente del departamento somos responsables de esta situación en mayor o menor proporción. Más allá de la inclemente ola invernal que nos azota, no cabe duda que también la ausencia de una inversión importante en la infraestructura vial y en el sistema de acueducto nos conduce a la actual crisis. Ahora podemos dimensionar la magnitud del daño que nos causó el exministro de Transporte Andrés Uriel Gallego, quien durante ocho largos años se burló de la región ante el silencio complaciente y hasta cómplice de buena parte de la dirigencia política, que a cada visita del ministro charlatán se regaban en elogios y agradecimientos dizque por los servicios prestados al Norte de Santander. Resulta inaudito y doloroso, que en pleno siglo XXI, nuestros coterráneos de Pamplona u Ocaña, por ejemplo, se encuentren prácticamente encerrados en propios límites de sus municipios.
La situación de nuestras dos principales vías de comunicación hoy, la carretera Cúcuta Pamplona Bucaramanga y Cúcuta Ocaña, se debe tanto al invierno como a la ausencia total de inversión durante todo este tiempo. Y pensar que este señor además frustró la posibilidad de avanzar en la nueva vía a Bucaramanga por el Escorial, con el argumento que se haría una doble calzada en el actual tramo de Pamplona. Con semejante trazado y con las fallas geológicas evidentes, queda más claro que nunca que la tal doble calzada no es más que una gran mentira. Por ello, debemos exigir del actual gobierno que revise esa decisión si no queremos seguir incomunicados los próximos 50 años.
Se requieren con urgencia unos recursos para habilitar temporalmente las vías y para ejecutar las obras que se requieren en el sistema de acueducto y exigir mayor eficacia y responsabilidad al operador Aguas Kpital. Y seguramente el gobierno responderá con unas partidas que ya se anuncian y es necesario que se inviertan de la mejor manera posible con una activa veeduría ciudadana. Pero en el mediano y largo plazo no nos podemos quedar callados como sucedió en los años recientes. Tenemos que levantar la voz de manera unánime para exigir de este gobierno, al que respaldamos con entusiasmo y convicción, que se definan de una vez por todas los recursos que son indispensables para impulsar la nueva vía a Bucaramanga, construir los viaductos de Ocaña y acelerar los trabajos de la vía del carbón. Esa debe ser nuestra única prioridad en los próximos años ante el gobierno central y habrá recursos suficientes tras la aprobación de la reforma de regalías para esos grandes proyectos regionales. Esta una gran oportunidad en medio de la crisis y no debemos distraernos en peleas locales ni en la elaboración de numerosas solicitudes como en lista de mercado. Concentrémonos en la infraestructura vial si no queremos quedar condenados al atraso económico y social. Sin esas vías no podremos ser competitivos. No tendremos opción.