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Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el homenaje al expresidente César Gaviria, al conmemorarse los 20 años de la Constitución de 1991

Martes, Junio 7, 2011

“Con inmensa satisfacción recibí la invitación del doctor Rafael Pardo, Director del Partido Liberal Colombiano, para acompañar este justo homenaje a uno de los liberales más destacados y más caracterizados de fines del siglo XX y comienzos del XXI.

El expresidente César Gaviria Trujillo tiene a su haber tantas realizaciones, ha tenido una influencia tan profunda y positiva en nuestro país, que podríamos hablar de él en diversas facetas: como transformador político, como líder regional e internacional, o como el presidente que insertó a nuestro país en una economía global a la que, hasta entonces, veníamos dándole la espalda.

Pero quiero comenzar estas palabras hablando de César Gaviria en la condición en la que por más tiempo y más directamente hemos interactuado: como mi jefe.

En efecto, fue César Gaviria quien, a comienzos de 1991, cuando ya estaba en marcha el proceso constituyente, me llamó a la Casa de Nariño para ofrecerme un puesto en su gabinete, convirtiéndome en el primer Ministro de Comercio Exterior en la historia del país.

Así que –estimado Presidente Gaviria– no exagero si digo que la trayectoria pública y política que comenzó con ese ofrecimiento suyo fue la que me trajo, dos décadas después, al mismo solio de Bolívar que usted entonces ocupaba.

¡Para bien o para mal, usted es en parte responsable de que, quien hoy les habla, lo haga en condición de Presidente de la República!

Es bien sabido que mi decisión de entonces de aceptar el Ministerio generó una tormenta en el seno de mi familia y del periódico del que entonces era subdirector, pero creo y espero que los años hayan dado la razón al siempre afilado olfato político de mi ilustre predecesor.

Así las cosas, durante más de tres años el Presidente Gaviria fue mi jefe directo, un jefe del que aprendí muchas de las lecciones que hoy pongo en práctica todos los días.

Su visión modernizadora, su entendimiento del entorno internacional, su pragmatismo, y su capacidad de convocar y de conciliar posiciones opuestas, han sido virtudes suyas de las que fui testigo, y que hoy procuro poner en práctica.

Aquí hay muchos compañeros y compañeras, antiguos colegas de ese gabinete y de ese gobierno, y creo que podemos decir, sin aspavientos, que hicimos un buen trabajo y que entonces se sentaron las bases de muchos de los avances que ha conseguido nuestro país en los últimos 20 años.

El perfil, sin embargo, del Presidente Gaviria que hoy nos convoca en este homenaje es uno que le dio un lugar de honor en nuestra historia para siempre: su carácter de transformador.

Los 20 años de la Constitución de 1991 que estamos celebrando estos días –una Carta Política que promovió y promulgó el Presidente Gaviria– nos recuerdan un evento fundamental en la vida institucional, política, económica y social del país.

Porque una constitución regula e influye –desde sus normas y principios esenciales– la existencia, no sólo del Estado, sino de todos sus asociados, es decir, de todos los colombianos.

Recordamos muy bien cómo fue ese original e innovador proceso que –después de múltiples fallidos intentos y gracias a la iniciativa de la séptima papeleta– llevó a la Carta que hoy nos rige.

Recuerdo muy bien cuando fueron a mi oficina unos muchachos liderados por Fernando Carillo. Me dijeron: ‘Vamos para esta idea de la séptima papeleta, una constituyente’.

Me fui para donde el Presidente López y escribimos una editorial entre el Presidente López y yo. Mi padre y  mi tío estaban por fuera, cuando regresaron me regañaron muchísimo, pero ya estaba escrito.

Y luego fueron a pedirme que si imprimía las papeletas y también les autorice la impresión de las papeletas.

 

Y eso llevó a la carta que hoy nos rige. 

Pero nada de esto hubiera sido suficiente si no se hubiera contado entonces con la visión y el liderazgo de un mandatario como César Gaviria, que supo leer los tiempos que vivíamos y que sacó adelante este monumental proyecto, con el aporte esencial de otro gran jurista, como lo era Humberto De La Calle, su Ministro de Gobierno.

Recuerdo que cuando –en medio del accidentado proceso de papeletas, conceptos jurídicos y decretos– la sala constitucional de la Corte Suprema intentó frenar el proceso que pretendía acudir al constituyente primario, el presidente Gaviria, en un gesto audaz, declaró que la Asamblea Constitucional había pasado –hacía rato– el punto de no retorno.

Y dijo lo siguiente:

“Los colombianos están cansados de que sus derechos políticos sólo les permitan elegir a quienes habrán de decidir por ellos. Ahora quieren tomar decisiones por sí mismos, ser gestores de su propio destino”.

Si hoy nos reunimos, Presidente Gaviria, para hacerle un homenaje con ocasión de los 20 años de la Constitución, es porque usted tuvo el coraje y la voluntad política de permitir que los colombianos fuéramos gestores de nuestro destino.

En su gobierno Colombia vivió la más grande transformación política de los últimos tiempos, una transformación que, además, permitió la inclusión en nuestra democracia de grupos que años atrás estaban alzados en armas, como era el caso del M-19 –entonces ya incorporado a la vida civil– y de otros grupos en proceso de desmovilización que contaron con delegados con voz en la Asamblea Constituyente.

Bien definió usted dicho proceso como “una oportunidad histórica para establecer el gran tratado de la paz que nuestro país necesita y que debe servirnos de carta de navegación para el siglo XXI”.

 

Sumemos, pues, al adjetivo “transformador” el no menos honroso de “pacificador”, pues fue en su gobierno, presidente Gaviria, cuando terminó de consolidarse el proceso de paz con el M-19 que impulsó el presidente Barco, y cuando se desmovilizaron el EPL, el Quintín Lame y el PRT.

Fue el suyo, también, un gobierno valiente contra el flagelo – entonces más peligroso y más patente que nunca– del narcotráfico.

Sea el momento para reconocer la forma en que usted, junto a su Ministro de Defensa, el doctor Rafael Pardo, enfrentaron la organización de Pablo Escobar y los llamados ‘Extraditables’, que sembraron terror por todo el territorio, con atentados, homicidios selectivos y secuestros.

Gracias a su tenacidad, terminó la carrera criminal de aquel capo, dispuesto a sacrificar lo que fuera necesario por defender sus intereses mafiosos.

Y quiero mencionar otro aspecto fundamental de su legado de gobierno, Presidente Gaviria, del cual tuve el honor de ser partícipe en mi condición de Ministro de Comercio Exterior, como fue el de la internacionalización de la economía.

Tal vez muchos no lo entendieron entonces –y aquí se destaca su visión futurista–, pero hoy pocos cuestionan su decisión de abrir nuestros mercados al mundo, en una comprensión pionera de la globalización económica que comenzaba a imperar en el planeta.

Haber seguido –como algunos hubieran querido– en una política de proteccionismo y aislamiento, habría tenido consecuencias catastróficas para nuestro país.

Fue en su gobierno –y de esto también me enorgullezco, por la parte que me correspondió– cuando se comenzó la negociación del G-3 con México y Venezuela, y cuando se abrieron, dentro de la Comunidad Andina, los mercados con la misma Venezuela y con Ecuador, lo que se tradujo en la creación de cientos de miles de trabajos.

Creamos en el Ministerio de Comercio Exterior entidades de la importancia de Proexport y Bancoldex, que desde entonces se han convertido en las grandes promotoras y facilitadoras del músculo exportador de nuestro país.

Hoy, cuando se dice que llevamos cinco años esperando la aprobación del TLC con Estados Unidos, siempre digo que no son 5 o 6 años, sino verdaderamente 20 años, pues desde entonces teníamos claro que Colombia debía llegar a un estatus de libre comercio con el gran país del norte y trabajamos en esa dirección.

Los acuerdos de libre comercio que logramos con México los construimos bajo los parámetros del NAFTA que se negociaba entre este país, Canadá y Estados Unidos, pues queríamos ingresar a ese gran mercado.

Hoy tenemos libre comercio con México, un tratado de libre comercio con Canadá que entrará en vigencia en los próximos dos meses, y tenemos buenas perspectivas para que al fin se apruebe el TLC con Estados Unidos.

Me siento muy satisfecho, Presidente Gaviria, de poder culminar en mi gobierno esa tarea de internacionalización que comenzamos en el suyo.

Y quisiera aprovechar este homenaje para referirme, de manera particular, a otro aspecto crucial de su legado, como lo fue el sistema de salud y pensiones creado por la Ley 100 de 1993.

Hoy es casi moda criticar esta ley, pero la verdad muy pocos se acuerdan del tremendo avance que significó frente al precario sistema que teníamos antes de ella.

Gracias a la Ley 100 –de la cual fue ponente Álvaro Uribe Vélez– y a los desarrollos logrados por las diferentes administraciones –muy especialmente el gobierno del mismo Presidente Uribe, que le dio un impulso muy grande en el tema de cubrimiento– hemos pasado de una cobertura de salud del 58 por ciento en 1997 a una cobertura del 96 por ciento el año pasado.

 

En cuanto a los más pobres, la cobertura del régimen subsidiado pasó de un 47 por ciento en 2003 a un 98 por ciento en 2010, lo que implicó una verdadera y positiva revolución de la salud para los colombianos que más lo necesitan.

No es un secreto que el sistema de salud pasa actualmente por una coyuntura muy especial, generada por casos puntuales de corrupción que se están investigando.

Esta coyuntura, más que una crisis, es una verdadera oportunidad que estamos aprovechando para fortalecer el sistema, para sanearlo y para lograr que brinde servicios cada vez de mayor calidad, con equidad, y en un marco de sostenibilidad financiera.

Nuestro propósito, 18 años después de la trascendental Ley 100, es no sólo garantizar cobertura sino también equidad, es decir, que todos tengamos acceso a los mismos servicios y que se presten con calidad y transparencia, sin importar los ingresos o de dónde vienen las personas.

Que no haya más diferencias entre los regímenes subsidiado y contributivo.

Para esto es necesario tener unas entidades promotoras de salud que garanticen dicha calidad y buen servicio.

Por eso nuestra intención es conservar pocas EPS pero que sean realmente fuertes, con los estándares más exigentes, y que cumplan bien su función de administración de riesgo.

Yo estoy de acuerdo con usted Presidente Gaviria, cuando usted dice: ‘Lo que hay que garantizar es que todos los colombianos tengamos el derecho de escoger’. Y tenga la seguridad de que vamos a propender por eso también

Tristemente, la corrupción se había hecho presente en diversos eslabones del sistema y estamos decididos a enfrentarla y acabar con ella.

Hoy podemos decir, con decisión y firmeza, que ¡se acabó la guachafita de la salud!

Estamos trabajando, junto con las entidades de control, para que caiga todo el peso de la ley sobre quien se haya aprovechado del sistema para sacar ganancias indebidas.

Pero también debemos decir que hay muchas personas e instituciones serias que trabajan honestamente por la salud de los colombianos, y vamos a promover que continúen su buena labor.

Hemos determinado que parte de los problemas se deben a que el sistema es muy complicado y genera incentivos perversos para comportamientos corruptos.

Para corregir esto estamos tomando diversas medidas, como la unificación de los planes del régimen contributivo y subsidiado en un solo plan de beneficios para todos, que deberá estar en vigencia antes del 1º de diciembre de este año.

Estamos ejerciendo un control estricto sobre el tema de los recobros, lo que ha generado ahorros para el sistema de alrededor de 250 mil millones de pesos no más en lo corrido del año.

Por primera vez, implementamos el giro directo de los recursos a los aseguradores y prestadores de la salud, sin intermediarios ni peajes, reduciendo el tiempo que tomaban los giros a una décima parte: de más de 100 días a tan sólo 10 días.

Ya hicimos el primer giro de recursos administrados de la Nación por casi 800 mil millones de pesos.

También estamos definiendo una Política Nacional Farmacéutica y de Dispositivos Médicos para controlar el desangre del sistema a través de los precios de los medicamentos.

Ya hemos puesto controles de precios a más de mil medicamentos, lo que ha generado ahorros por 150 mil millones de pesos desde diciembre del año pasado.

Estamos fortaleciendo los sistemas de información para tener una base de datos de Afiliación Única y depurar las bases de fallecidos que aún aparecen inscritos.

También estamos implementando un plan de acción con la red pública hospitalaria para solucionar sus problemas financieros y de mala gestión.

Además, vamos a duplicar el próximo año el presupuesto de la Superintendencia de Salud para mejorar los controles, e invertiremos cerca de 700 mil millones de pesos al sistema a través de los hospitales, exigiendo al tiempo una capitalización por parte de las empresas para resolver sus problemas patrimoniales.

Puede estar tranquilo, presidente Gaviria, y pueden estar tranquilos los colombianos, de que el sistema de salud creado en 1993 va a seguir mejorando y fortaleciéndose para que no sólo llegue a todos los colombianos, sino para que llegue con calidad y sea sostenible financieramente.

No puedo dejar de destacar el papel de líder regional y mundial que ha asumido César Gaviria desde cuando dejó la presidencia.

Su década al frente de la Organización de Estados Americanos fue una década de logros y desarrollos que nos llenaron de orgullo a los colombianos, incluyendo –por citar sólo un ejemplo– la adopción de la Carta Democrática Interamericana.

También ha trabajado usted, Presidente Gaviria, con verdadera dedicación, para llamar la atención sobre la necesidad de preservar y proteger nuestro medio ambiente, y últimamente –con otros ilustres ex mandatarios y líderes del mundo– para proponer un nuevo enfoque, un nuevo paradigma, creativo, integral, y sobre todo eficaz, frente al problema mundial de las drogas.

 

Permítame decirle –como lo afirmé la semana pasada en la Escuela Militar de Cadetes– que damos la bienvenida a la discusión sobre un nuevo enfoque que haga más eficaz la lucha mundial contra el narcotráfico, y que lo hacemos porque nuestro país tiene la autoridad moral, como ningún otro, para participar en esa discusión global.

También hemos dicho que cualquier cambio o solución diferente debe contar con el consenso de la comunidad internacional, porque este tema es global y no puede afrontarse de otra manera.

Y mientras esta solución se da, tenemos que seguir golpeando –y seguiremos golpeando– la cadena del narcotráfico en todos sus eslabones, sin tregua ni cuartel.

Porque para nosotros esta lucha es un problema de seguridad nacional, simple y llanamente, porque el narcotráfico ha sido la fuente de financiación de todos los factores de violencia de este país.

Es necesario reconocer, y así lo hacemos, que –como lo han señalado ustedes en la Comisión Global de Políticas de Drogas–, a pesar de haber desmantelado los carteles que tenían arrodillada la democracia colombiana, a pesar de haber extraditado a los capos y a pesar de haber reducido el área cultivada de coca a la cifra más baja desde cuando se comenzó a contabilizar, el negocio continúa y sigue financiando al terrorismo y a los grupos violentos.

Por eso, bienvenida sea cualquier discusión a nivel global que nos permita incrementar los resultados no sólo para reducir la oferta sino también –de manera muy especial– para reducir la demanda que la crea.

Vuelvo, finalmente, al tema que hoy nos convoca al conmemorar los 20 años de nuestra Carta Política.

Usted dijo, presidente Gaviria, refiriéndose al proceso de la Asamblea Constituyente, que serían la historia y las nuevas generaciones las que determinarían si ustedes tuvieron la grandeza de poner los cimientos del futuro que Colombia se merece.

Déjeme responderle, apreciado presidente y amigo, dos décadas después, con una contundente afirmación:

SÍ tuvieron esa grandeza, SÍ lo lograron, y las generaciones de hoy, los gobernantes de hoy, seguimos construyendo el edificio del progreso sobre los firmes cimientos que ustedes asentaron.

Todos recordamos, Presidente, cuando anunció en su discurso de posesión, el 7 de agosto de 1990, “¡bienvenidos al futuro!”.

Pues bien: esta noche hablamos desde ese futuro, y le damos las gracias a usted y a su gobierno por el país que hoy tenemos y que estamos comprometidos a llevar a la prosperidad.

 

Muchas gracias”.

 
 
 
        
 

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