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Al Partido Liberal del siglo XXI le ha correspondido cargar el peso de sus realidades propias y del desprestigio universal de los partidos tradicionales. En los últimos 50 años, las fuerzas políticas que gobernaron a Colombia fueron asociadas a la corrupción y el clientelismo. Incluso hoy, el Partido Liberal, después de 12 años de estar por fuera del Gobierno, no logra aún sobreponerse a ese estigma en la opinión pública.
Fenómenos más recientes golpearon fuertemente al liberalismo. El paramilitarismo desde 1996, en su clímax, barrió al Partido, amedrentó, desplazó y asesinó miles de simpatizantes y dirigentes en bastiones históricos como la Costa Caribe, el Magdalena Medio y los Llanos.
El dinero del narcotráfico en la política también afectó al Partido y cambió las tendencias electorales que antes fueron mayoritarias. Todavía muchos jóvenes asocian al liberalismo con el llamado "proceso 8.000" y le han volteado la espalda en los procesos electorales.
Equivocadas decisiones como el apoyo al recorte de las transferencias en el 2000 nos alejaron de las bases obreras y las centrales sindicales que, frustradas, formaron el Frente Social y Político por fuera del liberalismo, proceso que terminó con la creación del Polo Democrático.
Más recientemente, el gobierno de Álvaro Uribe, interesado en minimizar los partidos para estimular un estilo caudillista, tenía como propósito declarado enterrar al liberalismo. Pero bajo la conducción de César Gaviria, el Partido encabezó una cruzada política abierta para evitar el abuso de poder que suponía el referendo que permitiría una nueva reelección. El ex presidente Gaviria cumplió la tarea, fue preciso y persistente en la oposición al Gobierno, condujo la bancada con acierto y fuimos protagonistas en los principales debates. El Partido no se amedrentó ante los embates del Gobierno, ante las descalificaciones y las "chuzadas".
Al asumir la Presidencia de la República, Juan Manuel Santos convocó un Acuerdo de Unidad Nacional basado en la convergencia de proyectos reformistas, varios de corte liberal que ya habíamos abanderado en la campaña. Aceptamos estar en la Unidad Nacional y acertamos. El país ha ganado en confianza, se acabó la polarización, la esperanza volvió a la cotidianidad de los colombianos. Hoy hay más actitud hacia los pobres y necesitados, más decisión de buscar la igualdad.
Una Ley de Primer Empleo que permita a los jóvenes conseguir empleo, a cambio de incentivos tributarios es una realidad. Después de dos años de impulsar sin éxito la Ley de Víctimas, el liberalismo logró la aprobación en la Cámara de Representantes de este proyecto que busca la reparación integral y la restitución de tierras a más de cuatro millones de colombianos que han padecido el conflicto armado. El Partido Liberal ha venido ganando influencia en este escenario político, contrario a que lo dicen algunos. Recuperamos un espacio político importante porque entramos a hacer parte del Acuerdo Nacional por convicción ideológica y no burocrática.
El Partido también se ha fortalecido internamente. Diseñamos la hoja de ruta hacia las elecciones del 2011. Haremos alianzas con quienes tengan, como nosotros, un compromiso con los más necesitados. Trabajaremos por la reunificación liberal en coincidencia con Cambio Radical y esa condición nos permitirá unir esfuerzos para convertirnos en la mayor fuerza política de Colombia.
El Partido Liberal presentará a las elecciones de 2011 los mejores candidatos, los mejores programas y campañas limpias. Velaremos por administraciones honestas. En las listas a asambleas, concejos y JAL, daremos especial participación a jóvenes y a mujeres. Este es el momento de conectarnos con el corazón y el sentimiento liberal. Las ideas liberales serán las IDEAS QUE GOBIERNAN a Colombia.
Una feliz Navidad y un feliz año para todos.
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